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Oil's Slide Continues as Peace Deal Enters Third Week

La caída del petróleo continúa mientras el acuerdo de paz entra en su tercera semana

De todos los activos sacudidos por la guerra con Irán, ninguno tuvo un recorrido más dramático que el petróleo crudo. Cuando las fuerzas de EE. UU. e Israel lanzaron ataques contra territorio iraní el 28 de febrero, los mercados de materias primas reaccionaron con una alarma casi de manual. El petróleo crudo Brent subió más de 50% en las semanas siguientes y llegó a tocar brevemente un nivel extraordinario de USD 120,88 por barril el 30 de abril, tras el cierre del estrecho de Ormuz, la arteria por la que normalmente circula cerca del 20% del petróleo comercializado en el mundo. Desde entonces, la AIE lo ha descrito como el mayor shock de oferta petrolera de la historia. Solo en mayo, los cierres de producción en Oriente Medio alcanzaron los 11,3 millones de barriles diarios, los inventarios de la OCDE cayeron a su nivel más bajo desde diciembre de 1990 y la demanda mundial de petróleo bajó aproximadamente 1,1 millones de barriles diarios, ya que las refinerías asiáticas se vieron obligadas a recortar su producción por la falta de suministro de crudo. Fue, desde cualquier punto de vista, una de las interrupciones de suministro más violentas que haya visto el mercado energético.

Y luego, casi con la misma rapidez, la tendencia empezó a revertirse. La firma de un memorando de entendimiento (MoU) entre EE. UU. e Irán el 17 de junio, seguida de la reapertura formal del estrecho, hizo que el Brent cayera casi 5% en una sola sesión. Pero eso fue solo el comienzo de la ola de ventas. Al 2 de julio, el Brent cotiza a USD 71,50 por barril, apenas USD 3 por encima de hace un año y muy lejos de los picos de finales de abril. La pregunta ahora es si esta caída impulsada por el alivio todavía tiene margen para continuar o si, en realidad, el mercado se ha excedido al descontar con demasiada prisa el escenario más optimista. La guerra sacudió al mercado petrolero en una dirección. El acuerdo de paz ahora está haciendo lo mismo en la dirección opuesta y, en ambos casos, los traders parecen haberse movido más rápido de lo que el mercado físico puede asimilar. Las fuerzas en juego se dividen con claridad en dos temas distintos pero interconectados: la logística de la recuperación de la oferta y las perspectivas estructurales de la demanda.

Cadenas de suministro, minas y un alto el fuego frágil

La historia principal resulta atractiva por su simplicidad: se firma un acuerdo de paz, el estrecho reabre y el petróleo cae de inmediato. Sin embargo, el panorama de fondo es considerablemente más complejo. Como dijo Vandana Hari, fundadora de Vanda Insights: "El mercado se está adelantando a la posible reapertura del estrecho de Ormuz y probablemente está descontando el mejor escenario para la normalización de los flujos, lo que significa que los posibles contratiempos, desde la logística hasta nuevas tensiones geopolíticas, no se están incorporando adecuadamente". Esos contratiempos son reales y abundantes. A pesar del MoU, Irán ha sido categórico en que conserva la soberanía sobre el estrecho y que la mantendrá más allá de la actual ventana de negociación de 60 días, lo que contradice gran parte de la retórica de Trump y deja sin resolver la gobernanza a largo plazo de esta vía marítima crítica. La industria naviera sigue actuando con cautela: BIMCO, la asociación mundial del sector marítimo, señaló que Irán minó amplios segmentos del estrecho durante el conflicto y que la situación de seguridad "sigue siendo volátil" pese a los avances políticos. Los flujos a través del estrecho han subido desde el mínimo de mayo de 9,6 millones de barriles diarios hasta alrededor de 12 millones de barriles diarios, pero se espera que una recuperación completa a los niveles previos al conflicto tome hasta principios de 2027 como mínimo, mientras la AIE proyecta que la oferta mundial de petróleo caerá en promedio 3,9 millones de barriles diarios durante 2026 en su conjunto.

Mientras tanto, los inventarios de la OCDE se han reducido a niveles no vistos desde enero de 2003, y reponer esas reservas llevará tiempo y un flujo sostenido de suministro, dos factores que no pueden darse por sentados mientras la paz siga siendo frágil y continúe la operación de remoción de minas. El alto el fuego ya fue puesto a prueba una vez, cuando Irán atacó dos embarcaciones en tránsito después de la firma del MoU, antes de replegarse. En resumen, el mercado físico del petróleo sigue mucho más ajustado de lo que sugiere actualmente el precio spot, y cualquier deterioro en el panorama diplomático podría provocar un rápido regreso a un mercado alcista.

Destrucción de demanda, el dilema de la OPEP y las perspectivas a más largo plazo

Si la recuperación de la oferta es la variable incierta a corto plazo, la dinámica de la demanda está moldeando el panorama de mediano plazo de formas igual de complejas. La guerra no solo interrumpió la oferta; también afectó la demanda. Esto es especialmente cierto en Asia, la región más expuesta a los flujos de crudo de Oriente Medio. La EIA ahora prevé que la demanda mundial de petróleo disminuirá en 1,1 millones de barriles diarios durante 2026, lo que marca un giro drástico frente a su pronóstico de febrero, que anticipaba un crecimiento de 1,2 millones de barriles diarios. Las importaciones de crudo de China cayeron a un promedio de 9,4 millones de barriles diarios en abril, a medida que se redujo el procesamiento en refinerías, y la demanda en Asia no perteneciente a la OCDE quedó por debajo incluso de las estimaciones previas al conflicto más pesimistas. Esta destrucción de la demanda, combinada con la perspectiva de normalización de la oferta a medida que los flujos por Ormuz se recuperan gradualmente, ha llevado a los principales analistas de materias primas a replantear significativamente sus previsiones. 

J.P. Morgan, que mantenía una postura ampliamente alcista de cara a 2026, ahora proyecta el Brent en torno a USD 60 por barril para el año, lo que sugiere un mayor potencial bajista desde los niveles actuales. Por su parte, la AIE prevé que en 2027 surgirá un importante excedente de oferta, con suministros globales que aumentarían alrededor de 8 millones de barriles diarios hasta 110 millones de barriles diarios, frente a un crecimiento de la demanda de apenas 2 millones de barriles diarios. Esto marca un cambio estructural que podría ejercer una fuerte presión sobre los precios mucho más allá de la volatilidad de este año impulsada por el conflicto. También está la OPEP+, que enfrenta quizá su decisión estratégica más incómoda en años. Si avanza demasiado rápido para restablecer la producción, corre el riesgo de inundar un mercado que aún se recupera de la destrucción de la demanda. Si espera demasiado, podría perder cuota de mercado frente a productores no pertenecientes a la OPEP, como EE. UU., Brasil, Canadá y Guyana, que han ampliado su producción de forma constante durante toda la crisis. La forma en que el cartel gestione ese dilema, junto con el ritmo de normalización del estrecho y la solidez del alto el fuego con Irán, será el factor más determinante para definir a qué nivel cotizará el petróleo cuando termine el año.

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